Un gamer que se oxida en verano

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Estamos en unas fechas jodidas para un gamer veterano; y si encima es padre de una criatura, más. Voy a hablar desde la experiencia de la última semana, en la que he estado de vacaciones y han cambiado mis hábitos de jugador, lo cual me ha hecho pensar: Es uno el que cambia o son las circunstancias las que le cambian a uno? Maldita afición por los clásicos de la filosofía!

Es cierto que hace tiempo que no saco un ratito para encender la consola o jugar un rato con el ordenador. El enano reclama toda la atención y cuando hay tiempo, no hay ganas por el cansancio. Pensaba que unos días de descanso (laboral) iban a cambiar la tendencia, pero que va. Recuerdo que no hace tanto, un par de años para atrás, viajar era sinónimo de elegir que consola portatil se venía conmigo, y de paso, que libros o revistas iba a leer durante esos días. Este año mis compañeros de viaje han sido el iPad/iPhone, cargados de juegos si, pero ninguna consola “al uso” en la maleta. Aún así, ningún juego ha sido catado durante esta semana. Y en cuanto a lecturas, todo se reduce a un par de páginas de un comic, ni siquiera he podido hincarle el diente al goloso “ocho quilates”, que sigue esperando sobre la mesa y de vez en cuando me guiña un ojo. Yo evito cruzar la mirada, mas por venguenza que por ganas.

Me hago mayor? Me falta tiempo? Me faltan ganas? Se acerca la crisis de los 40 con 4 años de antelación? No aparece el juego adecuado quizá? Y es que desde que me cansé de Skyrim, ningún otro videojuego ha sido compañero de alcoba, y ha llovido (literalmente) mucho desde entonces.

Dentro de un par de semanas vuelvo a escaparme unos días. Apenas una semana y volverá a plantearse el mismo dilema: probaré algo de ocio electrónico?

Eso si, jugar no jugaré, pero el apetito por comprar/gastar no lo pierdo. Maldito consumismo en vena.